Veréis, decidí estudiar publicidad para poder, algún día, llegar a crear campañas tan memorables como las Muñecas de Famosa, el Lavado con Perlan o el osito de mimosín. Imágenes tiernas, entrañables que forman parte de nuestra historia publicitaria. Pero el mundo no se mueve por ositos o muñecas, ni está tan limpio como si utilizáramos Perlan. Cuando descubres que algo es así, empiezas a pensar... ¿Para qué me metería yo en esto? pero para entonces es tarde y estás enganchada a esa disciplina que desconocías que son las Relaciones públicas.
Si un caso en el mundo de las Relaciones públicas nos hace ver que esto es así es, sin ningún tipo de duda, el caso de las incubadoras de Kuwait, en la primera guerra del golfo, donde intervino la gran multinacional de las Public relations Hill & Knowlton, durante el gobierno del George H. W. Bush.
En 1990 Iraq invadió Kuwait. La mayoría de estadounidenses no veían la necesidad de luchar en un conflicto en el que no había un beneficio o una implicación importante aparente. Además quedaba tan lejos que muchos no podrían haberlo ubicado en el mapa. ¿Por qué luchar en un y por un país en el que no se nos ha perdido nada? Con la intención de conseguir el apoyo de la opinión pública y poder intervenir en una guerra que, sin el apoyo de la población convertiría al Gobierno de los Estados Unidos en impopular, George Bush Padre contrató a Hill & Knowlton para orquestar una de las mayores campañas de relaciones públicas de la historia.
La compañía financió sus acciones a través de Ciudadanos por un Kuwait Libre, una fundación que pagó unos 10 millones de dólares para dirigir toda la campaña. Se encargaban de crear una poderosa biblioteca de archivos visuales, que luego repartían por los medios de comunicación intentando influenciar a la opinión pública para que apoyaran la intervención de Estados Unidos en la guerra contra Iraq. Con toda la maquinaria en marcha, no conseguían conmover a la audiencia que seguía sin dar su consentimiento a la intervención bélica. ¿Qué debían hacer entonces para que, tanto la opinión pública como las Naciones Unidas dieran su consentimiento y apoyo? La solución, mostrar las "supuestas atrocidades" que los soldados iraquís estaban cometiendo en Kuwait y, la manera de hacerlo era en las audiencias del Congreso y en las Naciones Unidas, generando imágenes que removieran a los estadounidenses por estar sentados en sus sofás sin ayudar a los Kuwaitíes.
El testimonio de las incubadoras fue el factor detonador. Nayhira, una joven de 15 años fue la testigo que ante el comité del Congreso para los derechos humanos declaró ver como los soldados Iraquíes sacaban de las incubadoras a bebés prematuros y los dejaban morir en el suelo. Decía esconder su identidad para evitar represalias contra su familia que se había quedado en Kuwait. El mensaje de la joven refugiada kuwaití se repitió en todos los mensajes del presidente George Bush. Amnistía Internacional apoyó el argumento de Nayhira, aportando incluso cifras sobre los bebés prematuros asesinados por los Iraquís: 312. Con todo esto, La opinión pública empezó a tener razones para la intervención en el conflicto, el congreso de los Estados Unidos también aceptó por mayoría la entrada del EEUU en Guerra e incluso en las Naciones Unidas los bebés y las incubadoras fueron motivo suficiente para votar a favor de la intervención. La Guerra Había empezado.
Pero ni bebés ni incubadoras. Todo había estado organizado y montado para influir en la opinión pública. Nayhira no era una refugiada sino la hija del Embajador de Kuwait en Estados Unidos y Canadá. Las incubadoras no se habían tocado del hospital incluso en ser saqueado y finalmente Amnistía Internacial reconoció la falsedad de los hechos, aportando nuevas cifras sobre los bebés fallecidos: la mayoría había muerto antes de la invasión Iraquí.
El objetivo se había logrado, se podía intervenir en el conflicto y la población estaba convencida que era una buena opción para la liberación del pueblo Kuwaití. Las Relaciones Pública habían trabajado en la dirección correcta consiguiendo influir en altas esferas como Naciones Unidas i Amnistía Internacional.
Pensareis, Y aún sabiendo esto, ¿se puede seguir creyendo en las Relaciones Públicas? y os diré que sí, convencida por todo lo que he visto, que las Relaciones Públicas mueven el mundo y si son capaces de llevar al público a una guerra, ¿de qué no serán capaces?
Mi conclusión con todo esto es simple, Las Relaciones públicas funcionan, y éste es un claro ejemplo, pero debemos tener muy claro que casos como éste sólo suceden cuando dejamos de lado la ética profesional y nos dejamos llevar por el aumento de una cartera de clientes poderosa. Antes de aceptar cualquier caso, hay que tener muy claro cuales son nuestros valores, ya sea para profetizarlos en nuestro trabajo o para no olvidarlos cuando aceptemos casos que choquen con ellos. Debemos entender que no seremos ni más ni menos profesionales por no aceptar casos que contradigan a nuestros valores, simplemente se trata de dar el mejor resultado a nuestros clientes y trabajar en algo que no creemos, sin convicción puede que no nos lleve a la consecución de nuestros objetivos.
Ser sincero con uno mismo y no perder nuestro sentido será lo que aporte mayor valor a nuestro trabajo.
El caso de las incubadoras sólo es un buen ejemplo del mal uso que se pueden hacer de las Relaciones Públicas, y uno de los casos que más marcó mi inicio en el mundo de la comunicación. Y por eso, aun siendo uno de los casos más sonados, sentía la necesidad de compartirlo,
